Redacción Con Memoria Periodistas
La noche del 6 de abril, Vladimir Cerrón Rojas, el líder fundador de Perú Libre, disparó a quemarropa contra la célula del Nuevo Perú, partido que perdió su inscripción luego de las elecciones presidenciales del 2021 -en las que postuló a Verónika Mendoza a través de la plataforma de Juntos por el Perú-, pero que en el camino oficializó una alianza con Pedro Castillo y lo acompañó durante sus primeros meses de gobierno con personajes como Pedro Francke, Hernando Cevallos o Anahí Durand. Precisamente contra esta última, Cerrón despotricó. Lo hizo desde su cuenta personal de Twitter, como ya nos tiene acostumbrados:
El señalamiento tocó carne, pues Durand, quien era -junto a Verónika Mendoza- nada menos que la fundadora de la agrupación izquierdista, hasta convertirse en su presidenta, terminó por poner su cargo a disposición. El hecho de que descubrieran su trabajo de asesoría dentro de Palacio de Gobierno mientras que en Nuevo Perú se empezaba a forjar una postura muy crítica en contra de Pedro Castillo, la empujó a tal decisión, según ella misma alega.
El diario El Comercio -acusado de «golpista» por sus propios deméritos en las pasadas elecciones- puso su cuota detallando que Durand, por los servicios de consultora en la Presidencia del Consejo de Ministros, se llevaba mensualmente al bolsillo S/ 17 mil 400.
Por todo ello, Durand terminó admitiendo los hechos, aunque enfatizando sus porqués detrás de la decisión de seguir acompañando al desacreditado gobierno de Castillo, mediante una durísima y extensa carta, publicada el día de ayer en horas de la tarde:
En resumen, la dirigente -víctima también, durante mucho tiempo, de una ponzoñosa campaña de desprestigio, al igual que Mendoza- señaló que «considero un error estratégico que el Nuevo Perú se sume al campo opositor ya copado por la derecha, fungiendo de furgón de cola del centro derecha».
«La línea de ‘oposición democráctica’ que se impuso en el Nuevo Perú ya es utilizada por los Morados y otros sectores privilegiados. Mi posición, y así siempre lo expresé, es que la disputa por dirimir la crisis de régimen sigue abierta y el desorden de las izquierdas termina alimentando a los sectores golpistas que pugnan por recuperar el botín estatal (…) Eso implica ser críticos con los errores y exigir cumplir con los cambios sí, pero también implica tender puentes, dialogar, frenar intentos desestabilizadores. Tener una voz propia para acercarse a los sectores populares y profundizar el cambio social desde este gobierno que ya está en el poder», arguyó Durand.
EL BATACAZO
A renglón seguido, la exministra reveló la cronología de hechos sobre su imprevista salida de Nuevo Perú y su reincorporación al gobierno:
«Hace días acepté la invitación del Premier a ser consultora en el despacho de asesores de PCM. Si es un gobierno popular que debe relanzarse entonces es coherente trabajar con el Estado que intenta dirigir», confirmó la exministra.
Sin embargo, «lamentablemente, para la Comisión Política del partido no es compatible trabajar en el Estado y decidió separarme del cargo». Durand aseguró aceptar la decisión, no pudiendo evitar soltar una frase lapidaria contra la que ahora es su exagrupación: «Dejo a un partido que ayudé a fundar pero que hoy no es útil para las clases populares peruanas».

Reiterando una reflexión al inicio de su carta, Durand incide en que una alianza con Pedro Castillo implicaba no gozar del «aplauso fácil de opinólogos» y de correr el riesgo de «mancharse», «como si en los procesos históricos hubiera espacio para salir inmaculados».
