Dentro de nueve días (26 de febrero) se cierra el libro de pases de la Liga 1 del fútbol peruano, fecha que pone en vilo la continuidad deportiva de Paolo Guerrero en nuestro país, quien ahora se encuentra en un serio conflicto con el Club Universidad César Vallejo (UCV) de Trujillo, equipo de fútbol por el que firmó, por todo el 2024, un contrato el 2 de febrero último en Brasil, donde venía entrenando bajo la supervisión del preparador físico de la UCV.
Todo el embrollo nace luego de conocerse que la mamá del capitán de la selección peruana, Petronila Gonzales, ‘doña Peta’, recibió mensajes extorsivos en horas de la noche del mismo día que su hijo firmó contrato con el club de los Acuña.
A raíz de ello, Guerreo y su abogado, Julio García, decidieron salir a la prensa para manifestar su renuncia a jugar, por primera vez, en el fútbol peruano por causa de las amenazas a su familia. “Lo que yo más quería era jugar en Vallejo”, fue una de las primeras frases de Guerrero a América Televisión.
“Todo era felicidad, -siguió- ya me hacía la idea de que iba a viajar en Trujillo, y por la noche mi mamá me llama a decirme los mensajes que le había llegado, muy nerviosa. No sabíamos hasta dónde podía llegar eso. No le di mucho interés. Luego llamé a Cuevita (Christian Cueva). Me dijo acá la cosa está picante pero tranquilo. Acudimos al ministro (del Interior). Mis padres están en Perú y obviamente están con los nervios”, añadió Paolo Guerrero.

LA PRESIÓN DESDE LA UCV
En medio del avisaje de Guerrero sobre el temor por su familia, su abogado Julio García declaró que desde la UCV no estarían dando facilidades para la desvinculación de su cliente, dejando esta frase: “Básicamente, el punto es: o vienes a Trujillo o dejas de jugar al fútbol”, indicó García.
Tras las explosivas declaraciones de Paolo Guerreo y su abogado, el presidente de la UCV, el excongresista Richard Acuña Núñez, también decidió salir al frente y brindó declaraciones a diversos medios de comunicación.
“En la actualidad Paolo Guerrero es un jugador de César Vallejo, que firmó contrato el 2 de febrero. Nosotros como institución, siempre preocupados por el bienestar de Paolo y de la totalidad de nuestros futbolistas, ellos viven en Trujillo y en ningún momento han tenido un problema de seguridad en la ciudad o han vivido una amenaza. Bastante preocupado por las declaraciones de Guerrero, sabemos bien de la noticia sobre las amenazas que recibió su madre. Nosotros fuimos los primeros en preocuparse en la seguridad de su familia, cuando supimos del caso posterior a la firma del contrato, yo llamé a su mamá, le dije trate de estar tranquila y que en la ciudad de Trujillo está pasando lo que casi en la totalidad del país”, sostuvo, en un primer momento, el mandamás del cuadro trujillano.
Richard Acuña añadió que el tema de la inseguridad es un problema no solo en Trujillo, sino en todo el país. “Por eso acudimos al Ministerio del Interior, lamentablemente no teníamos una denuncia formal que hubiera significado una investigación para que esto se pueda aterrizar. Hemos accedido en todo momento a los requerimientos necesarios para que la llegada de Paolo sea de la mejor forma posible, existe gran expectativa de la afición trujillana (…). No vamos a obligar a nadie que esté en César Vallejo, pero en la actualidad es futbolista nuestro, por lo que lo esperamos el sábado 17 en Trujillo”, remarcó, a mitad de semana.
ESA CARTA, DESGRACIADA…
En las últimas horas, se conoció que Guerrero presentó su carta de renuncia al contrato con la UCV hace dos días, el 15 de febrero, encontrando respuesta casi de inmediata por parte de la dirigencia vallejiana.
La UCV “se reserva el derecho de iniciar acciones legales para obtener una indemnización por los perjuicios causados por dicha rescisión”, según informó RPP Noticias, fue parte de la respuesta del club trujillano a la dimisión de Guerrero.
Tras ello, Paolo decidió publicar un comunicado a través de su cuenta de Instagram respondiendo a la UCV que lo esperaba este sábado para que inicie sus entrenamientos en Trujillo.

“Quiero dirigirme a la población de Trujillo y en general a los peruanos víctimas de la inseguridad. A quienes han perdido padres, hijos, hermanos, amigos. A quienes deben dejar parte de su trabajo o su patrimonio en manos de la delincuencia. A todos ellos mi saludo y solidaridad”, empieza diciendo el jugador.
“En mi decisión de rescindir el contrato laboral y solicitar mi desvinculación ha primado la vida, la seguridad y la tranquilidad de mi familia, amenazada expresamente, según los mensajes extorsivos, si iba a vivir a Trujillo. No existe ninguna promesa que garantice que no les pasará nada; y transar con la delincuencia no puede ser el camino para resolver este problema. Siento que, así como defiendo la camiseta de mi país en la cancha dando lo mejor de mi hasta el último momento, debo proteger a mi familia, tanto más si tengo un hijo que a la fecha tiene 25 días de nacido, alumbrado prematuramente y otro de 10 meses, a quienes deseo tener a mi lado y ver crecer, sin su integridad y vidas, comprometidas por amenazas”, señala en otro párrafo.
Tras toda esta novela gestada desde la quincena de enero último, ahora no se conoce el epílogo de la historia que podría significar el fin de la carrera futbolística de Paolo Guerrero, quien en el fragor de este episodio, ya lanzó la pelota a la cancha de los directivos de la UCV. ¿Será el final de Paolo?
